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La celda número 2.14 ha sido ocupada por las abejas. Si te acercas zumban alertando de tu presencia.

 

Estancos e infinitos, los espacios abandonados por el hombre, en particular los que albergaban actividades conflictivas para la conciencia, dejan escritas en sus arquitecturas  fantasmagorías incómodas sobre sus moradores que podemos evitar mirando hacia otro lado o afrontar. Treinta años después de Chernóbil animales y plantas proliferan en un entorno extremadamente desfavorable para su salud.

¿Es condición indispensable para la proliferación de la vida no humana la ausencia de la misma?

 

Las abejas son animales que se reproducen rápidamente e invaden en poco tiempo los espacios que consideran seguros.

 

¿Es la  ausencia del ser humano el detonante de estos nuevos hábitats, en los que el abandono se transfigura en acogida y el castigo en cuidados y protección?

 

Ante estos hechos tan comunes no es difícil plantearse cuestiones de carácter fenomenológico cuando encontramos que el ser humano es el principal responsable de la destrucción de tanta biodiversidad.

 

¿Todo lo que hacemos es en pos de nuestra supervivencia como especie, es una cuestión    identitaria?

¿Somos sistemas cerrados y autorreferenciales?

 

 

Sí: 
que la cera levante
estatuas verdes,
la miel
derrame
lenguas
infinitas,
y el océano sea
una
colmena,
la tierra
torre y túnica
de flores,
y el mundo
una cascada,
cabellera,
crecimiento
incesante
de panales!

 

Fragmento de “Oda a la Abeja”

Pablo Neruda

Instalación “Hay celdas y …Celdas” | 2016 | Actualmente, Instalación, Paradojas ecosistémicas | Comments (0)